de Daniel Balmaceda
Romances turbulentos de la historia argentina destila amor, humor, humanidad. Cuenta como nunca antes los amores y desamores de los hombres y mujeres que forjaron la historia argentina durante el siglo XIX, desde Mendoza a Buenos Aires, desde Lima o Chuquisaca hasta el Estrecho de Magallanes y las Islas Malvinas.
Intrigas pasionales que involucran disfraces, visitas clandestinas a deshoras, criados cómplices, casamientos por amor, de apuro o por conveniencia; bodas frustradas, lunas de miel interrumpidas, rumores, insidias y celos enfermizos; pleitos por herencias, suegras enamoradas de yernos, primos de primas, tíos de sobrinas, esposas y maridos burlados, si hasta hay amores con fantasmas.
Se leen cartas encendidas, cartas indignadas, cartas interceptadas, cartas a los muertos, conspiraciones, pasiones privadas y vergüenzas públicas, puritanismo declamado y licencias ocultas. Hay mujeres asesinas, familias encubridoras de crímenes, y crímenes políticos.
Enredados como estaban en semejantes pasiones amorosas, resulta difícil comprender cómo, entre tantos otros, el metrosexual Belgrano, el incontinente Sarmiento o el movedizo San Martín encontraron tiempo para planear la Patria, escribir libros inmortales o comandar batallas. Pero si es verdad que algunos hombres resuelven en la vida pública cuestiones privadas, y que otros saldan en la intimidad cuestiones de Estado, entonces resulta cierto, como lo demuestra Daniel Balmaceda en este libro, que todas las historias, incluso las políticas, acaban hablando de amor.
Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo (Segunda parte, fragmento)
Durante los primeros días del año 1872, la viuda de Álzaga estaba muy atareada porque el 3 de febrero se cumplían 20 años de la batalla de Caseros, aquella que desalojó del poder a Juan Manuel de Rosas. Uno de los principales actos de la conmemoración sería la inauguración de un puente de hierro que cruzaría el Río Salado. Se trataba de un pasadizo de 170 metros, verdadero monumento al progreso, importado de Inglaterra por el ingeniero Luis Huergo, que aprovecharían más que nadie los que acudieran a la estancia vecina al puente: nos referimos a La Postrera, que había heredado de su marido.
La estructura llevaría el nombre de uno de los degollados en la Revolución de los Libres del Sud (intento fallido de derrocar a Rosas, en 1839, llevado a cabo por estancieros unitarios): sería el puente Ambrosio Crámer (que, ¡oh casualidad!, fue el anterior propietario de La Postrera).
Como Martín Gregorio de Álzaga había participado en aquel intento de golpe de Estado; y como, además, Felicitas era dueña de todas las tierras que rodeaban al puente, las autoridades la nombraron madrina. La atractiva viuda no quería dejar ningún cabo suelto. Trabajaba en la organización con gran esmero y a la vez, avanzaba para formalizar los asuntos matrimoniales de una buena vez con el apuesto Samuel Sáenz Valiente, a quien había conocido apenas un par de meses atrás, matando todas las esperanzas de Enrique Ocampo.
Lo primero que hizo Ocampo al enterarse de que esa noche se oficializaría la relación de su ex con Sáenz Valiente, fue ir a tomarse unos tragos a la Confitería del Gas, en Rivadavia y Piedras. Así la denominaban por ser la primera que tuvo iluminación a gas, gran adelanto que aprovecharían los que la visitaban de noche.
En resumen, esa tarde, enterado Ocampo –y entonado–, acudió, aún sin ser invitado a la quinta de la noria. Quería hablar con Felicitas, convencerla de que él debía ser su marido. Pero no pudo hacerlo, al menos al principio, porque ella no se hallaba en la quinta: andaba de shopping, por el centro de la ciudad. Enrique estaba a punto de retirarse, cuando aparecieron dos coches en el camino. Del primero bajó Samuel Sáenz Valiente; del segundo, Felicitas.
Su tía, Tránsito Cueto, le contó que Ocampo la esperaba. Felicitas Guerrero le rogó que lo despidiera con cualquier excusa. Sin embargo, la misión fracasó porque su ex insistió en que no se movería de allí hasta ser escuchado. Felicitas suspiró con fastidio y pidió que lo llevaran al escritorio de la casa. Ahora era ella la que quería hablar con Enrique para comunicarle que no modificaría su decisión de casarse con Sáenz Valiente. Su íntima amiga, Albina Casares, le sugirió acompañarla. Felicitas desechó la propuesta.
Terminó de peinarse, se puso el paquetísimo vestido que había elegido para la fiesta, con una larga cola que arrastraba por el piso. Acudió a saludar a invitados que poblaban el jardín. Les pidió que la excusaran, que debía entrevistarse con su ex en el interior de la casa. Cuando se dirigía al escritorio, percibió que la seguían. Se dio vuelta y pudo confirmar que su hermano Antonio (13 años) y su primo Cristián Demaría (22), la escoltaban. Ella los detuvo: “Este asunto es personal”, dijo y continuó su camino.
Ingresó a la casa, traspasó el comedor, alcanzó el escritorio y cerró la puerta. En el jardín, junto a la ventana del ambiente donde se producía la cumbre, Antonio Guerrero y Cristián Demaría pararon las orejas. “Quiero que me digas si aún continúas prefiriendo a ese hombre”, reclamó Enrique. “¡Ese tono!”, respondió casi suplicando la damita. “Ese tono es el de un hombre que te ama con toda su alma, pero al cual desesperan tus desdenes. Si te amaba cuando me dabas dulces esperanzas, hoy ya no te amo, te idolatro. La idea de que llegues a ser de otro me vuelve loco”. Antonito Guerrero asegura que Ocampo le preguntó, sin más vueltas: “¿Te casas con Samuel o conmigo?”. Para ella, semejante comentario había sepultado el diálogo. Él se había pasado de la raya. Felicitas caminó rumbo a la puerta, pero fue interceptada por el hombre enceguecido. Ella, furiosa, le gritó: “¡Basta! ¡Le exijo que no vuelva a poner los pies en mi casa!”.
Como se estilaba en aquel tiempo, Enrique Ocampo usaba bastón. Un hombre de la alta sociedad no era tal, si no portaba bastón y sombrero. Y, como en muchos casos, el bastón de Ocampo tenía un disimulado botón en su mango que accionaba el mecanismo para que de la punta que se apoyaba en el piso saliera un estilete. Se utilizaba para defensa personal. Por supuesto que este no era el caso, pero lo cierto es que Ocampo accionó el estilete con su mano izquierda, a la vez que de su bolsillo derecho sacó un revólver Le Forcher calibre 48 y la invitó a una nueva elección: “¿Con cuál de estas armas prefieres morir?”. Al escuchar esa frase, el hermano Antonio y el primo Cristián volaron hacia el interior de la casa. En el camino escucharon dos disparos. Intentaban ingresar al escritorio y había algo que trababa la puerta: era el cuerpo de Felicitas Guerrero.
La mujer había corrido hacia la puerta para escaparse del iracundo Ocampo. Pero él le disparó e impactó su hombro derecho. Felicitas trastabilló con la cola de su vestido y cayó. Su cara dio de lleno en el piso. Enrique Ocampo volvió a dispararle, esta vez en el pecho. La mujer quedó tendida en forma transversal a la puerta y su cuerpo impidió que esta se abriera.
En los jardines de la quinta, los amigos tardaron en reaccionar. En el umbral del escritorio, Antonito Guerrero se las ingenió para deslizarse dentro del ambiente, incluso golpeando con la maciza puerta a su hermana tendida en la alfombra. Logró colarse y recibió como bienvenida un disparo que le rozó el cuero cabelludo y se incrustó en la pared. El primo Demaría saltó por encima de la desdichada y se lanzó encima de Ocampo, quien era más grandote.
Forcejearon, Cristián le arrebató el arma y le disparó en la boca. El quinto balazo que bramó en la quinta de la noria estalló en el estómago de Enrique. El estampido se confundió con los gritos que se escuchaban en toda la mansión.
Felicitas estaba paralítica, con la espina dorsal arruinada. Ayudada por su amiga Albina y por Sáenz Valiente, fue transportada a su cama en la planta alta de la casa. “¡Me muero! ¡Me muero! ¡No me abandone!”, le gritaba a Samuel.
Bernabé Demaría, padre de Cristián –además de abogado y cuñado de Carlos Guerrero–, le sacó el revolver de las manos a su hijo, lo envolvió en un género y se lo entregó a Antonio Guerrero: “Quiero que escondas esto para siempre y que ni a mí me digas dónde lo hiciste”. Antonio y el arma desaparecieron de la escena.
La pareja que algunos meses atrás todos imaginaban rumbo al altar, agonizaba: en la planta alta de la casa, Felicitas, con la cara desfigurada y una parálisis irreversible; en la planta inferior, Ocampo, quien a pesar de haber recibido un disparo justiciero en la boca –y de tener varias tripas esparcidas en la alfombra–, aún movía sus ojos hacia uno y otro lado. Así estuvo quince eternos minutos, hasta que murió. Ubicaron el cadáver en su cupé y le indicaron al chofer que lo llevara a lo de sus padres. Cuentan los Ocampo que el cochero ingresó a la casa y, por los gritos que se escucharon, la madre de Enrique corrió hasta la cupé y pegó un alarido incontenible al toparse con la cara destrozada de su hijo.
Mientras tanto, en la quinta de Barracas, dos médicos revisaban a Felicitas y curaban la herida que había recibido Antonio Guerrero en el cuero cabelludo. Cuando comenzaba a amanecer, a las 5.45 del martes 30 de enero, Felicitas dejó de respirar. Entre los Ocampo circula la tradición de que, agonizante y postrada en su cama, repetía el nombre de Enrique, algo que los Guerrero niegan con firmeza y no exentos de cierta lógica. En cuanto al puente Ambrosio Crámer, nunca fue inaugurado.
Fue el crimen de mayor impacto en el país desde el asesinato de Justo José de Urquiza. Recordemos que a Urquiza lo mataron en abril de 1870, en el Palacio San José, su residencia de Concepción del Uruguay. Fue a la vista de su mujer, Dolores Costa, y de su hija Dolores Urquiza.
Los Guerrero y los Ocampo, cada uno por su cuenta, dieron sepultura a sus hijos en la Recoleta. Indignado, el diario La Nación alzó la voz para aleccionar y advertir a sus lectores: “Deploramos el fin trágico de esa distinguida y virtuosa dama, víctima del furor de un hombre enamorado. Pero nos alegraría que las niñas sacaran de este hecho aislado un saludable ejemplo, una lección provechosa. El amor de la coqueta es también como las alas de la mariposa: polvo de oro y carmín que se desvanece al más leve soplo”.
De Romances turbulentos de la historia argentina, de Daniel Balmaceda. Buenos Aires, Norma, 2007. 336 páginas.
Criticas, comentarios, resumenes, argumentos o sinopsis. Y ahora, lo Nuevos "Leyendas"
9.10.08
Libro de Jaikus de Jack Kerouac
de Jack Kerouac
Jack Kerouac propuso también una revisión occidental de la tradición del jaiku al privilegiar la concisión, capacidad de sugerencia y sencillez, por encima de su característico rigor métrico. En este Libro de jaikus hay un repertorio abundante de escenas clásicas del género pero también estampas difícilmente encontrables hasta entonces en esa tradición: América y sus escenarios míticos, estadios de béisbol, gelatinas de frambuesa, neveras o figuras históricas como Cochise, Jerónimo o Custer. Fruto de esta experimentación, el Libro de haikus recoge una selección de más de 500 textos del autor, desperdigados en múltiples cuadernos y notas, así como intercalados en su correspondencia epistolar y novelas.
Jack Kerouac propuso también una revisión occidental de la tradición del jaiku al privilegiar la concisión, capacidad de sugerencia y sencillez, por encima de su característico rigor métrico. En este Libro de jaikus hay un repertorio abundante de escenas clásicas del género pero también estampas difícilmente encontrables hasta entonces en esa tradición: América y sus escenarios míticos, estadios de béisbol, gelatinas de frambuesa, neveras o figuras históricas como Cochise, Jerónimo o Custer. Fruto de esta experimentación, el Libro de haikus recoge una selección de más de 500 textos del autor, desperdigados en múltiples cuadernos y notas, así como intercalados en su correspondencia epistolar y novelas.
Big sur de Jack Kerouac
de Jack Kerouac
Big Sur es un relato preciso y humano de los estragos del delirium tremens alcohólico sobre Kerouac, un novelista superior que tuvo la fuerza suficiente para completar su narración poética, tarea que pocos autores han podido realizar en tales condiciones. En contraremos aquí a los poetas de San Francisco y reconoceremos al héroe Dean Moriarty diez años después de En el camino.
Big Sur es un relato preciso y humano de los estragos del delirium tremens alcohólico sobre Kerouac, un novelista superior que tuvo la fuerza suficiente para completar su narración poética, tarea que pocos autores han podido realizar en tales condiciones. En contraremos aquí a los poetas de San Francisco y reconoceremos al héroe Dean Moriarty diez años después de En el camino.
Los subterráneos de Jack Kerouac
de Jack Kerouac
"Los subterráneos" es una de las mejores novelas de Jack Kerouac; en ella se precisa su voluntad de llevar a cabo una suerte de autobiografía literaria que será, al propio tiempo, una crónica legendaria de la generación beat. En efecto, casi todo es aquí relato autobiográfico, «fraseado» con ese inimitable estilo sincopado que aprendió escuchando en el Minton?s de Nueva York a los grandes del bop. Al igual que Charlie Parker, Kerouac improvisa en torno a un tema, y escribe de la manera más flexible, adaptándose en cada episodio a las resonancias que le sugiere el momento. La novela transcurre en San Francisco, ciudad a la que Kerouac llegó en 1953, antes de alcanzar la fama, y es un fresco de días y de noches habitadas por el jazz, el alcohol y las drogas, cabalgando entre la desesperación absoluta y las ilusiones más descabelladas, al hilo de una estremecedora historia de amor: la del escritor Leo Percepied (una nueva encarnación de Kerouac) y una muchacha negra, Mardou Fox, «el ángel negro, desesperado y sombrío, de este mundo subterráneo de Frisco» (Vito Amoruso).
"Los subterráneos" es una de las mejores novelas de Jack Kerouac; en ella se precisa su voluntad de llevar a cabo una suerte de autobiografía literaria que será, al propio tiempo, una crónica legendaria de la generación beat. En efecto, casi todo es aquí relato autobiográfico, «fraseado» con ese inimitable estilo sincopado que aprendió escuchando en el Minton?s de Nueva York a los grandes del bop. Al igual que Charlie Parker, Kerouac improvisa en torno a un tema, y escribe de la manera más flexible, adaptándose en cada episodio a las resonancias que le sugiere el momento. La novela transcurre en San Francisco, ciudad a la que Kerouac llegó en 1953, antes de alcanzar la fama, y es un fresco de días y de noches habitadas por el jazz, el alcohol y las drogas, cabalgando entre la desesperación absoluta y las ilusiones más descabelladas, al hilo de una estremecedora historia de amor: la del escritor Leo Percepied (una nueva encarnación de Kerouac) y una muchacha negra, Mardou Fox, «el ángel negro, desesperado y sombrío, de este mundo subterráneo de Frisco» (Vito Amoruso).
Los vagabundos del Dharma de Jack Kerouac
de Jack Kerouac
Una de las obras capitales del gran escritor beat, en la que relata su descubrimiento del budismo y de su primera ley, «la vida es sufrimiento», durante los años en que se sentía fracasado por no encontrar editor. Ambientada en California, en la novela aparecen retratados, con otros nombres pero muy reconocibles, desde el propio Kerouac hasta Allen Ginsberg, Laurence Ferlinghetti o Gary Snyder.
Una de las obras capitales del gran escritor beat, en la que relata su descubrimiento del budismo y de su primera ley, «la vida es sufrimiento», durante los años en que se sentía fracasado por no encontrar editor. Ambientada en California, en la novela aparecen retratados, con otros nombres pero muy reconocibles, desde el propio Kerouac hasta Allen Ginsberg, Laurence Ferlinghetti o Gary Snyder.
En el camino de Jack Kerouac
de Jack Kerouac
Con el paso del tiempo, "En el camino", un libro que fue la biblia y el manifiesto de la generación beat, se ha convertido en una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana. Con un inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de Charlie Parker», en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty el mítico hipster, el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero» y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alcohol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo stablishment. Una crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac (Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg, William Burroughs.
Con el paso del tiempo, "En el camino", un libro que fue la biblia y el manifiesto de la generación beat, se ha convertido en una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana. Con un inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de Charlie Parker», en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty el mítico hipster, el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero» y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alcohol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo stablishment. Una crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac (Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg, William Burroughs.
2.10.08
Livadia de José Manuel Prieto
Metáfora de Rusia
José Manuel Prieto, Livadia, Mondadori, Barcelona, 1999.Lo mismo que en pintura, también en literatura debe pensarse en términos de composición y diseño. Una novela de largo aliento como Livadia de José Manuel Prieto debió tardar un tiempo considerable primero en su composición mental y luego en su ejecución sobre el papel. Me parece importante subrayar el aspecto de la planeación porque es precisamente ahí donde reside una de las virtudes mayores de este libro.
Livadia cuenta la historia de un encuentro —o de múltiples encuentros si se quiere— que podría resumirse más o
menos de la siguiente manera: un contrabandista de mercancía "ligera", J., pre-sumiblemente José, se topa en Estambul con una joven rusa. Esta joven fue conducida a un serrallo mediante una trampa y le pide a J. que la ayude a escapar de vuelta a su país de origen. Antes, J. tuvo que conocer a un coleccionista de mariposas que le hace el estrafalario encargo de cazar un yazikus, un espurio ejemplar de mariposa que de los meses de mayo a septiembre ronda las costas de Crimea.
Queda claro que estamos frente a una historia que pudo haberse resuelto de manera lineal; sin embargo, el narrador eligió una vía más complicada para contarla: cada uno de estos episodios, que pudieron haberse sucedido los unos a los otros según una cronología estricta, se convierte en una serie de módulos narrativos que son barajados para simular los caprichos de la memoria y darle cabida a la dimensión epistolar de la novela. Después de haber escapado con éxito de Estambul, J. y su amiga se separan. Él prosigue la búsqueda improbable del yazikus en Livadia, donde empieza a recibir las cartas que ella le envía desde un lugar desconocido. J. está proyectando todo el tiempo responder a estas cartas, y entre un intervalo y otro reconstruye lo sucedido antes y después de su encuentro con V. Es indudable que los hechos se fragmentan y se componen siguiendo una estrategia. ¿Pero cuál es el efecto definitivo de todo esto? El efecto definitivo es el de una trama enriquecida con aspectos que podrían no figurar o afectar directamente al desarrollo de la historia, pero que están ahí para hacer de la vida, o de la narración de una vida, una cadena de símbolos que podemos interpretar como si se tratara de una fotografía equis, de un paisaje pintoresco o de un montaje cinematográfico cuyo sentido va más allá de la frialdad de la imagen. La evocación es una constante en Livadia.
Poner tanto énfasis en el asunto de la composición literaria y la planeación intelectual que antecede a la ejecución de un texto podría parecer ocioso, pero no lo es si uno piensa en los frutos que de esta técnica se desprenden: las posibilidades plásticas de la novela se elevan a una segunda potencia en el momento inmediato de la lectura. En cierto sentido, Livadia es una gran metáfora que glosa las posibilidades sensoriales del ojo como instrumento y también como demonio. Los ojos, en cuanto receptores de la luz y manipuladores de la sombra, son una primera instancia del raciocinio más elemental. Son un principio regulador de la vida y la conducta, pero asimismo son los causantes de las alucinaciones más deplorables y perversas —de la vista nace el amor, pero también el deseo; San Antonio no hubiera padecido lo que padeció si los demonios que lo tentaron antes le hubieran sacado los ojos. También es cierto que la prosa ágil y desenvuelta de José Prieto hace posible la ilusión del movimiento según las percepciones del ojo. Uno de los pasajes finales del libro describe una cacería con olor a Nabokov —entomólogo aficionado y experto cazador de mariposas:
La vi posarse entre unos helechos y agitar sus alas rítmicamente con la cadencia de un ingenio mecánico. Durante un silencio de blanca —todo el compás— me acerqué sintiendo en mis sienes el golpetear de sus alas, me quité el panamá dispuesto a atraparla, pero al momento se descolgó pendiente abajo en una escala cromática invertida, rebotó en la barra doble de una pared de aire, y remontó el vuelo cuesta arriba.
Hay situaciones que no pueden describirse, mucho menos clasificarse. Éstas incumben principalmente al dominio de la nostalgia. Y al sometimiento de la voluntad a la memoria. La escritura es el medio que se encarga en todo caso de sugerirlas, y darle al mundo una extraña coherencia. Como había dicho antes, Livadia comienza con la recepción de una carta manuscrita en siete pliegos de papel de arroz. El protagonista recibirá seis cartas más. Y la respuesta siempre postergada (que redunda a su vez en la elaboración de un constante borrador) supone la distribución de las acciones de la novela en siete capítulos. Prieto atiende en todo momento a las reglas de una simetría simbólica, cuyos valores de interpretación tienen que ver sin embargo con una melancolía indescifrable. Livadia comienza con un epígrafe que fue tomado de una carta de San Pablo a los corintios, que recomienda no buscar problemas en caso de no tenerlos. ¿Es esto posible? La novela crece como una refutación de este principio, y termina con la enunciación de un nombre tan claro como la noche: Varia, que rima con Vanessa, el nombre ruso de la mariposa nocturna.
La flexibilidad es una de las normas que persigue el modelaje de una silueta cualquiera mediante la manipulación inteligente de la luz y la sombra. Para que tenga vida, es decir, para que tenga cuerpo, hay que corromper la materia. No se trata de disolver tanto como de descomponer. O distribuir de manera distinta. La escritura parece obedecer a un proceso análogo de recomposición y diseño. Y Livadia reposa en esa inasible certeza.
Fuente: por Gabriel Bernal Granados, en Letras Libres
José Manuel Prieto, Livadia, Mondadori, Barcelona, 1999.Lo mismo que en pintura, también en literatura debe pensarse en términos de composición y diseño. Una novela de largo aliento como Livadia de José Manuel Prieto debió tardar un tiempo considerable primero en su composición mental y luego en su ejecución sobre el papel. Me parece importante subrayar el aspecto de la planeación porque es precisamente ahí donde reside una de las virtudes mayores de este libro.
Livadia cuenta la historia de un encuentro —o de múltiples encuentros si se quiere— que podría resumirse más o
menos de la siguiente manera: un contrabandista de mercancía "ligera", J., pre-sumiblemente José, se topa en Estambul con una joven rusa. Esta joven fue conducida a un serrallo mediante una trampa y le pide a J. que la ayude a escapar de vuelta a su país de origen. Antes, J. tuvo que conocer a un coleccionista de mariposas que le hace el estrafalario encargo de cazar un yazikus, un espurio ejemplar de mariposa que de los meses de mayo a septiembre ronda las costas de Crimea.
Queda claro que estamos frente a una historia que pudo haberse resuelto de manera lineal; sin embargo, el narrador eligió una vía más complicada para contarla: cada uno de estos episodios, que pudieron haberse sucedido los unos a los otros según una cronología estricta, se convierte en una serie de módulos narrativos que son barajados para simular los caprichos de la memoria y darle cabida a la dimensión epistolar de la novela. Después de haber escapado con éxito de Estambul, J. y su amiga se separan. Él prosigue la búsqueda improbable del yazikus en Livadia, donde empieza a recibir las cartas que ella le envía desde un lugar desconocido. J. está proyectando todo el tiempo responder a estas cartas, y entre un intervalo y otro reconstruye lo sucedido antes y después de su encuentro con V. Es indudable que los hechos se fragmentan y se componen siguiendo una estrategia. ¿Pero cuál es el efecto definitivo de todo esto? El efecto definitivo es el de una trama enriquecida con aspectos que podrían no figurar o afectar directamente al desarrollo de la historia, pero que están ahí para hacer de la vida, o de la narración de una vida, una cadena de símbolos que podemos interpretar como si se tratara de una fotografía equis, de un paisaje pintoresco o de un montaje cinematográfico cuyo sentido va más allá de la frialdad de la imagen. La evocación es una constante en Livadia.
Poner tanto énfasis en el asunto de la composición literaria y la planeación intelectual que antecede a la ejecución de un texto podría parecer ocioso, pero no lo es si uno piensa en los frutos que de esta técnica se desprenden: las posibilidades plásticas de la novela se elevan a una segunda potencia en el momento inmediato de la lectura. En cierto sentido, Livadia es una gran metáfora que glosa las posibilidades sensoriales del ojo como instrumento y también como demonio. Los ojos, en cuanto receptores de la luz y manipuladores de la sombra, son una primera instancia del raciocinio más elemental. Son un principio regulador de la vida y la conducta, pero asimismo son los causantes de las alucinaciones más deplorables y perversas —de la vista nace el amor, pero también el deseo; San Antonio no hubiera padecido lo que padeció si los demonios que lo tentaron antes le hubieran sacado los ojos. También es cierto que la prosa ágil y desenvuelta de José Prieto hace posible la ilusión del movimiento según las percepciones del ojo. Uno de los pasajes finales del libro describe una cacería con olor a Nabokov —entomólogo aficionado y experto cazador de mariposas:
La vi posarse entre unos helechos y agitar sus alas rítmicamente con la cadencia de un ingenio mecánico. Durante un silencio de blanca —todo el compás— me acerqué sintiendo en mis sienes el golpetear de sus alas, me quité el panamá dispuesto a atraparla, pero al momento se descolgó pendiente abajo en una escala cromática invertida, rebotó en la barra doble de una pared de aire, y remontó el vuelo cuesta arriba.
Hay situaciones que no pueden describirse, mucho menos clasificarse. Éstas incumben principalmente al dominio de la nostalgia. Y al sometimiento de la voluntad a la memoria. La escritura es el medio que se encarga en todo caso de sugerirlas, y darle al mundo una extraña coherencia. Como había dicho antes, Livadia comienza con la recepción de una carta manuscrita en siete pliegos de papel de arroz. El protagonista recibirá seis cartas más. Y la respuesta siempre postergada (que redunda a su vez en la elaboración de un constante borrador) supone la distribución de las acciones de la novela en siete capítulos. Prieto atiende en todo momento a las reglas de una simetría simbólica, cuyos valores de interpretación tienen que ver sin embargo con una melancolía indescifrable. Livadia comienza con un epígrafe que fue tomado de una carta de San Pablo a los corintios, que recomienda no buscar problemas en caso de no tenerlos. ¿Es esto posible? La novela crece como una refutación de este principio, y termina con la enunciación de un nombre tan claro como la noche: Varia, que rima con Vanessa, el nombre ruso de la mariposa nocturna.
La flexibilidad es una de las normas que persigue el modelaje de una silueta cualquiera mediante la manipulación inteligente de la luz y la sombra. Para que tenga vida, es decir, para que tenga cuerpo, hay que corromper la materia. No se trata de disolver tanto como de descomponer. O distribuir de manera distinta. La escritura parece obedecer a un proceso análogo de recomposición y diseño. Y Livadia reposa en esa inasible certeza.
Fuente: por Gabriel Bernal Granados, en Letras Libres
Trenta días en Moscú de José Manuel Prieto
Nada se desvanece más rápido que la noción de literaturas nacionales. Fino narrador sin fronteras, José Manuel Prieto (1962) es un sólido ejemplo de ello: es cubano y escribe desde México sobre Rusia y su pasado soviético. A su pluma no la seducen las calles de La Habana ni los laberintos de la Ciudad de México; sus motivos literarios están apenas en Moscú y Siberia, sitios que habitó durante años. En Rusia ocurren sus dos únicas novelas (Enciclopedia de una vida en Rusia y Livadia) y a Rusia se refiere el resto de su breve obra: un pequeño tomo de relatos y una ligera crónica de viajes. Las novelas, impecables, son el eje de su mundo literario y el resto gira alrededor de ellas. El tartamudo y la rusa (Tusquets, 2002), por ejemplo, es una reunión de cuentos publicada años atrás en Cuba y eso determina su lectura: puede ser leída como un anticipo de las novelas que escribirá más tarde. Lo mismo ocurre con Treinta días en Moscú (Mondadori, 2002), bitácora de un viaje a la ciudad rusa: se lee como una ramificación de sus dos obras principales. Primer punto a favor de Prieto: su obra es tan firme y sólida que se organiza a sí misma fácilmente.
Ambas obras orbitan alrededor del par de novelas y, no obstante, descansan en el núcleo mismo de la obra de Prieto. No sólo comparten con ellas la meta sino también el camino: llegan a Rusia y lo hacen a través de una frivolidad altamente decantada. Ni las novelas ni los relatos juegan a la sociología o al estudio de los "grandes temas": son ficciones y optan siempre por la aparente trivialidad de lo cotidiano. Incluso su bitácora de viajes hace lo mismo: rehúye al análisis sesudo de la realidad post-soviética y elige un tono menor, deliberadamente ligero. La política apenas si existe en la crónica de Prieto y lo mismo ocurre con otros asuntos sociológicos: desaparecen para que destaque más firmemente lo literario. La crónica es un género híbrido, a caballo entre el ensayo y la narrativa, pero no en la pluma de Prieto, siempre más narrativa que ensayística. No hay ideas importantes sobre el paso de una economía de Estado a otra de mercado ni notas sobre el desmantelamiento de un Estado totalitario. Lo que hay es un viajero entregado al azar y a su frivolidad orgullosa, obsesivo comprador de libros viejos, atento observador de la moda femenina, flaneur siempre consciente de serlo. Una cosa es segura: en Treinta días en Moscú Prieto viaja con equipaje ligero.
La frivolidad no es un mérito menor y, no obstante, a veces se resiente. Uno agradece el tono amable del libro pero también se extrañan algunas reflexiones. Quizá el escenario es demasiado atractivo como para huir de él constantemente: un poco más de profundidad no hubiese caído mal en ciertas ocasiones. No pasa lo mismo, sin embargo, con sus relatos y sus novelas: también huyen de la realidad política y económica pero no dejan en el lector sino un grato sabor de boca. La fuga aquí y allá es distinta: en la crónica Prieto huye para ningún lado mientras que en su narrativa escapa de la realidad para insertarse más poderosamente en su mundo literario. Allá huye y aquí construye sobre su huida. En su narrativa desdeña los grandes temas sólo para ocuparse de sus obsesiones personales: escapa de la Rusia "real" sólo para habitar su propia Rusia, autobiográfica, atravesada por múltiples referencias literarias y recorrida por hermosas y diabólicas mujeres. La fuga se vuelve arte: renuncia a un mundo y, sobre sus ruinas, erige otro igual y diametralmente distinto.
Los cinco relatos de El tartamudo y la rusa son un notable ejemplo de ello. Todos ocurren en una Rusia que pertenece más a Prieto que a Yeltsin o a Stalin y todos deambulan alrededor de un restringido puñado de obsesiones personales. A la cabeza de ellas, las mujeres. Cuatro de los cinco relatos tratan, directa o indirectamente, sobre inquietantes presencias femeninas. A veces misógino, a veces galante, Prieto ubica en el centro de sus cuentos a mujeres bellas y peligrosas, perfectas lo mismo para enamorarse de ellas que para golpearlas e imaginarlas en el fondo de un lago. Otra obsesión no menos vigorosa es la juventud y sus aventuras. Prieto no se suma a la larga lista de escritores fascinados por la infancia; en su caso ella huele a Cuba y su interés no reside en la isla sino en la Unión Soviética y en los años de juventud gastados allí. Esos son los ingredientes de sus cuentos: una desdibujada potencia totalitaria, un extranjero joven, varias mujeres y no pocos recuerdos desfigurados por referencias literarias. Lo demás es su estilo claro y brillante, lejano del barroquismo de otros cubanos pero no exento de su ritmo y su singular textura.Prieto también gusta de la metaliteratura y estos relatos se aprovechan una y otra vez de ello. No hay demasiado de la Rusia política y económica pero sobran citas literarias, referencias a otros autores y reflexiones sobre el oficio de narrar. La literatura se vuelve sobre sí misma: desdibuja la realidad soviética para concentrarse en sus propios mecanismos. "Muerte en el lago", por ejemplo, brota de otra historia, Juego de abalorios, de Herman Hesse. "El tartamudo y la rusa", por su parte, comienza con una amplia digresión sobre el arte narrativo y sólo después inicia el relato de su historia. El caso más claro, no obstante, es el "Nunca antes habías visto el rojo", estupendo cuento comentado por el propio narrador y disimulada declaración de principios literarios. Allí Prieto es transparente en sus ambiciones: se sabe frívolo y no pretende ser ninguna otra cosa.
El persnaje del cuento está al tanto de la nimiedad de la vida y lo mismo ocurre con Prieto: sólo toma en serio aquello tan irrelevante como la existencia.De hecho su obra es tan ligera que no es posible definirlo políticamente. Ningún lector conocerá, después de haberlo leído, cuáles son las ideas y posturas de Prieto frente a Cuba o la Unión Soviética. Habla de la URSS y no denuncia ni mucho menos elogia: apenas usa el escenario y trabaja concentrado en lo suyo. Lo mismo ocurre con su pasaporte que lo declara como cubano: simplemente lo ignora. El término de "exiliado" no va con su temperamento pues posee demasiada carga política. No es un exiliado a la manera de Guillermo Cabrera Infante o de Reinaldo Arenas, nostálgicos de la isla y enemigos acérrimos de la dictadura. Prieto es un narrador y eso parece bastarle: relata y no opina, recrea y no denuncia, escribe y no politiza. Es un escritor y no uno cualquiera: uno bueno, tal vez uno grande.
Fuente: Por Rafael Lemus, Mexico, en Página de José Manuel Prieto
Ambas obras orbitan alrededor del par de novelas y, no obstante, descansan en el núcleo mismo de la obra de Prieto. No sólo comparten con ellas la meta sino también el camino: llegan a Rusia y lo hacen a través de una frivolidad altamente decantada. Ni las novelas ni los relatos juegan a la sociología o al estudio de los "grandes temas": son ficciones y optan siempre por la aparente trivialidad de lo cotidiano. Incluso su bitácora de viajes hace lo mismo: rehúye al análisis sesudo de la realidad post-soviética y elige un tono menor, deliberadamente ligero. La política apenas si existe en la crónica de Prieto y lo mismo ocurre con otros asuntos sociológicos: desaparecen para que destaque más firmemente lo literario. La crónica es un género híbrido, a caballo entre el ensayo y la narrativa, pero no en la pluma de Prieto, siempre más narrativa que ensayística. No hay ideas importantes sobre el paso de una economía de Estado a otra de mercado ni notas sobre el desmantelamiento de un Estado totalitario. Lo que hay es un viajero entregado al azar y a su frivolidad orgullosa, obsesivo comprador de libros viejos, atento observador de la moda femenina, flaneur siempre consciente de serlo. Una cosa es segura: en Treinta días en Moscú Prieto viaja con equipaje ligero.
La frivolidad no es un mérito menor y, no obstante, a veces se resiente. Uno agradece el tono amable del libro pero también se extrañan algunas reflexiones. Quizá el escenario es demasiado atractivo como para huir de él constantemente: un poco más de profundidad no hubiese caído mal en ciertas ocasiones. No pasa lo mismo, sin embargo, con sus relatos y sus novelas: también huyen de la realidad política y económica pero no dejan en el lector sino un grato sabor de boca. La fuga aquí y allá es distinta: en la crónica Prieto huye para ningún lado mientras que en su narrativa escapa de la realidad para insertarse más poderosamente en su mundo literario. Allá huye y aquí construye sobre su huida. En su narrativa desdeña los grandes temas sólo para ocuparse de sus obsesiones personales: escapa de la Rusia "real" sólo para habitar su propia Rusia, autobiográfica, atravesada por múltiples referencias literarias y recorrida por hermosas y diabólicas mujeres. La fuga se vuelve arte: renuncia a un mundo y, sobre sus ruinas, erige otro igual y diametralmente distinto.
Los cinco relatos de El tartamudo y la rusa son un notable ejemplo de ello. Todos ocurren en una Rusia que pertenece más a Prieto que a Yeltsin o a Stalin y todos deambulan alrededor de un restringido puñado de obsesiones personales. A la cabeza de ellas, las mujeres. Cuatro de los cinco relatos tratan, directa o indirectamente, sobre inquietantes presencias femeninas. A veces misógino, a veces galante, Prieto ubica en el centro de sus cuentos a mujeres bellas y peligrosas, perfectas lo mismo para enamorarse de ellas que para golpearlas e imaginarlas en el fondo de un lago. Otra obsesión no menos vigorosa es la juventud y sus aventuras. Prieto no se suma a la larga lista de escritores fascinados por la infancia; en su caso ella huele a Cuba y su interés no reside en la isla sino en la Unión Soviética y en los años de juventud gastados allí. Esos son los ingredientes de sus cuentos: una desdibujada potencia totalitaria, un extranjero joven, varias mujeres y no pocos recuerdos desfigurados por referencias literarias. Lo demás es su estilo claro y brillante, lejano del barroquismo de otros cubanos pero no exento de su ritmo y su singular textura.Prieto también gusta de la metaliteratura y estos relatos se aprovechan una y otra vez de ello. No hay demasiado de la Rusia política y económica pero sobran citas literarias, referencias a otros autores y reflexiones sobre el oficio de narrar. La literatura se vuelve sobre sí misma: desdibuja la realidad soviética para concentrarse en sus propios mecanismos. "Muerte en el lago", por ejemplo, brota de otra historia, Juego de abalorios, de Herman Hesse. "El tartamudo y la rusa", por su parte, comienza con una amplia digresión sobre el arte narrativo y sólo después inicia el relato de su historia. El caso más claro, no obstante, es el "Nunca antes habías visto el rojo", estupendo cuento comentado por el propio narrador y disimulada declaración de principios literarios. Allí Prieto es transparente en sus ambiciones: se sabe frívolo y no pretende ser ninguna otra cosa.
El persnaje del cuento está al tanto de la nimiedad de la vida y lo mismo ocurre con Prieto: sólo toma en serio aquello tan irrelevante como la existencia.De hecho su obra es tan ligera que no es posible definirlo políticamente. Ningún lector conocerá, después de haberlo leído, cuáles son las ideas y posturas de Prieto frente a Cuba o la Unión Soviética. Habla de la URSS y no denuncia ni mucho menos elogia: apenas usa el escenario y trabaja concentrado en lo suyo. Lo mismo ocurre con su pasaporte que lo declara como cubano: simplemente lo ignora. El término de "exiliado" no va con su temperamento pues posee demasiada carga política. No es un exiliado a la manera de Guillermo Cabrera Infante o de Reinaldo Arenas, nostálgicos de la isla y enemigos acérrimos de la dictadura. Prieto es un narrador y eso parece bastarle: relata y no opina, recrea y no denuncia, escribe y no politiza. Es un escritor y no uno cualquiera: uno bueno, tal vez uno grande.
Fuente: Por Rafael Lemus, Mexico, en Página de José Manuel Prieto
5.9.08
TODO SE DESMORONA
de Chinua Achebe
Quizá sea un signo de los tiempos que la literatura africana, como otras manifestaciones culturales de este continente, sea prácticamente desconocida en nuestro país. Y es una verdadera pena, porque libros como "Todo se desmorona", del nigeriano Chinua Achebe (1930), licenciado en Medicina y Literatura por la universidad de Ibadan y doctor por las de Stirling, Southampton y Kent, deberían ser de obligada lectura en el rico Occidente; de hecho, ha sido traducido en más de treinta países y sólo en el Reino Unido se han vendido más de dos millones de ejemplares.
La novela nos relata la vida de Okonkwo, que ha crecido con una obsesión: convertirse en un guerrero respetado en las nueve aldeas de los ibo para recuperar así su 'honor' personal, en entredicho por la haraganería y la pobreza de su padre. Lo conseguirá tras años de duro trabajo y sacrificios.
Okonkwo vive feliz con sus tres mujeres e hijos, cultiva sus tierras y es una pieza clave en el organigrama de la tribu, cuyas costumbres y ritos sigue prácticamente sin pestañear. El ejemplo lo tenemos con la aparición de un muchacho que le entregan en prenda, que se convierte con el tiempo en amigo inseparable de su hijo mayor y que después la asamblea de los ibo decide matar: Okonkwo sufrirá por este mandato, pero lo acatará e incluso participará en su ejecución para remarcar su fidelidad a los principios, algo en lo que se aleja del hijo mayor, que empieza a dudar de una cultura que actúa con arbitrariedad, como también se alejó del padre.
Ese choque cultural que Achebe nos plantea con maestría se acentúa tras un accidente fortuito que vuelve a tener como protagonista a Okonkwo, que por mandato de la asamblea pierde sus tierras y tiene que exiliarse durante siete años. El guerrero vuelve a aceptar este dictamen sin chistar y a partir de entonces sólo soñará con el retorno al hogar y el recibimiento alegre de los suyos, entre los que se siente realizado. Pero es entonces cuando se produce la llegada a las aldeas de los ibo de los colonizadores blancos, que construyen iglesias e introducen nuevas costumbres, tomadas al principio a broma pero aceptadas después por los nativos.
Pasan siete años y Okonkwo retorna a la aldea. El soñado recibimiento no tiene lugar. Todo ha cambiado. Okonkwo era fuerte por la fe que tenía en su clan, pero la llegada del hombre blanco ha dejado a los ibo sin las referencias que les mantenían unidos y, por añadidura, les daban seguridad. Para los blancos -y también para el hijo mayor de Okonkwo- los rituales de los ibo son bárbaros, pero ellos tampoco se quedan atrás a la hora de imponer una 'civilización' que llega acompañada de cárceles y sangre. Es el fin. Todo se desmorona.
Fuente: TiraMillas.net
Quizá sea un signo de los tiempos que la literatura africana, como otras manifestaciones culturales de este continente, sea prácticamente desconocida en nuestro país. Y es una verdadera pena, porque libros como "Todo se desmorona", del nigeriano Chinua Achebe (1930), licenciado en Medicina y Literatura por la universidad de Ibadan y doctor por las de Stirling, Southampton y Kent, deberían ser de obligada lectura en el rico Occidente; de hecho, ha sido traducido en más de treinta países y sólo en el Reino Unido se han vendido más de dos millones de ejemplares.
La novela nos relata la vida de Okonkwo, que ha crecido con una obsesión: convertirse en un guerrero respetado en las nueve aldeas de los ibo para recuperar así su 'honor' personal, en entredicho por la haraganería y la pobreza de su padre. Lo conseguirá tras años de duro trabajo y sacrificios.
Okonkwo vive feliz con sus tres mujeres e hijos, cultiva sus tierras y es una pieza clave en el organigrama de la tribu, cuyas costumbres y ritos sigue prácticamente sin pestañear. El ejemplo lo tenemos con la aparición de un muchacho que le entregan en prenda, que se convierte con el tiempo en amigo inseparable de su hijo mayor y que después la asamblea de los ibo decide matar: Okonkwo sufrirá por este mandato, pero lo acatará e incluso participará en su ejecución para remarcar su fidelidad a los principios, algo en lo que se aleja del hijo mayor, que empieza a dudar de una cultura que actúa con arbitrariedad, como también se alejó del padre.
Ese choque cultural que Achebe nos plantea con maestría se acentúa tras un accidente fortuito que vuelve a tener como protagonista a Okonkwo, que por mandato de la asamblea pierde sus tierras y tiene que exiliarse durante siete años. El guerrero vuelve a aceptar este dictamen sin chistar y a partir de entonces sólo soñará con el retorno al hogar y el recibimiento alegre de los suyos, entre los que se siente realizado. Pero es entonces cuando se produce la llegada a las aldeas de los ibo de los colonizadores blancos, que construyen iglesias e introducen nuevas costumbres, tomadas al principio a broma pero aceptadas después por los nativos.
Pasan siete años y Okonkwo retorna a la aldea. El soñado recibimiento no tiene lugar. Todo ha cambiado. Okonkwo era fuerte por la fe que tenía en su clan, pero la llegada del hombre blanco ha dejado a los ibo sin las referencias que les mantenían unidos y, por añadidura, les daban seguridad. Para los blancos -y también para el hijo mayor de Okonkwo- los rituales de los ibo son bárbaros, pero ellos tampoco se quedan atrás a la hora de imponer una 'civilización' que llega acompañada de cárceles y sangre. Es el fin. Todo se desmorona.
Fuente: TiraMillas.net
4.9.08
Lolita de Vladimir Nabokov
Lolita, como todas las grandes novelas, es muchas cosas al mismo tiempo. Es una tragedia, un melodrama y una astuta y precursora paradoja acerca de nuestra sociedad y nuestro tiempo.
Como el mito y la fascinación de la juventud que envuelve a su protagonista, por Lolita no parece pasar el tiempo y, aunque sus supuestos contenidos escabrosos puedan antojársenos un tanto ingenuos en este fin de siglo, las pasiones e interrelaciones humanas que recorren su trama siguen vigentes y ardientes entre nosotros.
Pero Lolita podría ser también un tratado de entomología (la segunda profesión de Nabokov) por la precisión y lo implacable de su desarrollo, por su atmósfera de tragedia contemporánea que la hace actual y atemporal a un tiempo.
Precisión y paradoja, apariencias y deseos secretos que van insinuándose y aflorando hasta la catarsis y la destrucción de sus protagonistas. Vladimir Nabokov es puntillosamente preciso en las descripciones y oblicuo e insinuador con los sentimientos.
La gran pregunta y la gran incitación de Lolita es ¿quién seduce a quién, quién es la marioneta y quién tira de los hilos? ¿El enfebrecido y delicuescente Humbert Humbert, profesor y traductor, que imagina y persigue su objeto de deseo hasta obtener una satisfacción mecánica que no hace sino aumentar su desequilibrio, o la ninfa que parece crecer desde una ingenuidad preconsciente y perturbadora hasta un influjo que se vale astutamente de su supuesta inocencia para manipular a su aparente conquistador? La novela de Vladimir Nabokov no es únicamente una poderosa metáfora de los recovecos del deseo, la seducción y la dominación, sino también una carga de profundidad que explosiona en medio de la convención y la mojigatería de la sociedad en la que se desarrolla.
Humbert es normal hasta que deja de serlo, hasta que Lolita le provoca un clic mental que hace aflorar sus deseos profundos, mucho más poderosos que la máscara y los espejismos de normalidad que le envuelven.
¿Y Lolita? Es la vencedora en el combate de la seducción; su poder aumenta a medida que Humbert se desintegra, pero a la postre su victoria resulta pírrica, porque en su efímera condición de ninfa se oculta su propia vulnerabilidad ante el tiempo, la vulgaridad o la dependencia de otros seductores menos atormentados que el pobre Humbert.
Lolita es, asimismo, la materialización de un fenómeno muy infrecuente en la gran literatura: el cambio de lengua. Nacido en San Petersburgo, educado en Gran Bretaña y naturalizado norteamericano, Vladimir Nabokov es uno de los escritores que han logrado una obra cimera en otra lengua que la materna. Acaso ésa es una más de las paradojas de esta obra mítica, míticamente llevada a la pantalla por Stanley Kubrick, y protagonizada por Sue Lloyd, Shelley Winters, Peter Sellers y James Mason, en la que Nabokov parece decir que todos podemos convertirnos en Humbert y todas las Lolitas están destinadas a dejar de serlo.
Fuente: La esfera de los Libros
Como el mito y la fascinación de la juventud que envuelve a su protagonista, por Lolita no parece pasar el tiempo y, aunque sus supuestos contenidos escabrosos puedan antojársenos un tanto ingenuos en este fin de siglo, las pasiones e interrelaciones humanas que recorren su trama siguen vigentes y ardientes entre nosotros.
Pero Lolita podría ser también un tratado de entomología (la segunda profesión de Nabokov) por la precisión y lo implacable de su desarrollo, por su atmósfera de tragedia contemporánea que la hace actual y atemporal a un tiempo.
Precisión y paradoja, apariencias y deseos secretos que van insinuándose y aflorando hasta la catarsis y la destrucción de sus protagonistas. Vladimir Nabokov es puntillosamente preciso en las descripciones y oblicuo e insinuador con los sentimientos.
La gran pregunta y la gran incitación de Lolita es ¿quién seduce a quién, quién es la marioneta y quién tira de los hilos? ¿El enfebrecido y delicuescente Humbert Humbert, profesor y traductor, que imagina y persigue su objeto de deseo hasta obtener una satisfacción mecánica que no hace sino aumentar su desequilibrio, o la ninfa que parece crecer desde una ingenuidad preconsciente y perturbadora hasta un influjo que se vale astutamente de su supuesta inocencia para manipular a su aparente conquistador? La novela de Vladimir Nabokov no es únicamente una poderosa metáfora de los recovecos del deseo, la seducción y la dominación, sino también una carga de profundidad que explosiona en medio de la convención y la mojigatería de la sociedad en la que se desarrolla.
Humbert es normal hasta que deja de serlo, hasta que Lolita le provoca un clic mental que hace aflorar sus deseos profundos, mucho más poderosos que la máscara y los espejismos de normalidad que le envuelven.
¿Y Lolita? Es la vencedora en el combate de la seducción; su poder aumenta a medida que Humbert se desintegra, pero a la postre su victoria resulta pírrica, porque en su efímera condición de ninfa se oculta su propia vulnerabilidad ante el tiempo, la vulgaridad o la dependencia de otros seductores menos atormentados que el pobre Humbert.
Lolita es, asimismo, la materialización de un fenómeno muy infrecuente en la gran literatura: el cambio de lengua. Nacido en San Petersburgo, educado en Gran Bretaña y naturalizado norteamericano, Vladimir Nabokov es uno de los escritores que han logrado una obra cimera en otra lengua que la materna. Acaso ésa es una más de las paradojas de esta obra mítica, míticamente llevada a la pantalla por Stanley Kubrick, y protagonizada por Sue Lloyd, Shelley Winters, Peter Sellers y James Mason, en la que Nabokov parece decir que todos podemos convertirnos en Humbert y todas las Lolitas están destinadas a dejar de serlo.
Fuente: La esfera de los Libros
18.4.08
El tapiz de Malacia
de Brian Aldiss
Título original: The Malacia Tapestry
Año publicación: 1976
Género Ciencia ficción
El tapiz de Malacia - Brian Aldiss:
Malacia es una enigmática ciudad suspendida en el tiempo, donde todo cambio está prohibido; por sus calles desfila la más excéntrica variedad de personajes: duques, prósperos mercaderes, aristócratas arruinados, sacerdotes, cortesanos, mendigos, soldados y empresarios de teatro venidos a menos. Entre ellos, el alocado, pícaro y galán Perian de Chirolo, un joven actor que, a falta de trabajo, ejerce de vividor. Hasta que aparece el misterioso Otto Bengtsohn y le ofrece colaborar en una revolucionaria y arriesgada obra. Perian sólo se decide a participar cuando conoce a la bella Armida Hoytolam, que también intervendría en el proyecto.
Todo desembocará en una serie de peripecias en que descubriremos al joven navegando en un globo aerostático, matando feroces ancestros y tropezándose con las intrigas y los secretos más oscuros.
Recreando en clave de fantasía la Venecia barroca y decadente, Aldiss ha tejido una novela insólita y absorbente en que los protagonistas son las palabras, el destino, el erotismo, la grandeza, la vitalidad y los sentidos.
Título original: The Malacia Tapestry
Año publicación: 1976
Género Ciencia ficción
El tapiz de Malacia - Brian Aldiss:
Malacia es una enigmática ciudad suspendida en el tiempo, donde todo cambio está prohibido; por sus calles desfila la más excéntrica variedad de personajes: duques, prósperos mercaderes, aristócratas arruinados, sacerdotes, cortesanos, mendigos, soldados y empresarios de teatro venidos a menos. Entre ellos, el alocado, pícaro y galán Perian de Chirolo, un joven actor que, a falta de trabajo, ejerce de vividor. Hasta que aparece el misterioso Otto Bengtsohn y le ofrece colaborar en una revolucionaria y arriesgada obra. Perian sólo se decide a participar cuando conoce a la bella Armida Hoytolam, que también intervendría en el proyecto.
Todo desembocará en una serie de peripecias en que descubriremos al joven navegando en un globo aerostático, matando feroces ancestros y tropezándose con las intrigas y los secretos más oscuros.
Recreando en clave de fantasía la Venecia barroca y decadente, Aldiss ha tejido una novela insólita y absorbente en que los protagonistas son las palabras, el destino, el erotismo, la grandeza, la vitalidad y los sentidos.
17.9.07
Lilit
Lilit es una figura legendaria de la mitología (o del folclore) judío: la primera esposa de Adán, anterior a Eva, y como un demonio que raptaba a los niños en sus cunas por la noche, madre de los súcubos. Se la representa con el aspecto de mujer muy hermosa, con el pelo largo y rizado, generalmente pelirroja, y a veces alada.
Podría ser una interpretación metafórica sobre la existencia del primer grupo de nuevos humanos Homo sapiens sapiens, que la leyenda nombra como Adán y Eva, pero que en realidad era un colectivo. Lilit sería un demonio nocturno mesopotámico con tendencia a asesinar niños.
Se considera que existe una conexión entre Lilit e Inanna, la diosa sumeria de la guerra y el placer sexual.
También podría estar relacionada con el mito griego de Lamia, una reina libia que mantuvo relaciones con Zeus; después de que Zeus la abandonara, Hera robó sus hijos, por lo que ella se vengó robando los hijos de otras mujeres.
Lilit en la mitología mesopotámica
Su nombre original en acadio es Lilitu, que proviene de la palabra lil, que significa ‘viento’, ‘aire’ o ‘espíritu’. En la mitología acadia pertenece a la misma clase de demonios que Lilu, Ardat Lili e Idlu Lili. Su traducción al hebreo como לילית posiblemente dio origen a una confusión de términos, pues ליל en hebreo significa ‘noche’ en vez de ‘aire’. Sólo se han encontrado breves referencias de ella en el libro de Isaías y en la tradición talmúdica, que son las que han llegado hasta nuestros tiempos.
Lilit en la mitología hebrea
Lilit en la Biblia
La única mención expresa en el Antiguo Testamento de dicha criatura aparece en Isaías 34:14: ופגשו ציים את־איים ושעיר על־רעהו יקרא אך־שם הרגיעה לילית ומצאה לה מנוח׃ Que es traducida en la versión de la Biblia de Jerusalén como: «Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilit y en él encontrará descanso». Compárese con otras traducciones, como la de de Nácar-Colunga, donde Lilit (לילית) se traduce por Lamia: «Y las bestias monteses se encontrarán con los gatos cervales, y el peludo gritará á su compañero: la lamia también tendrá allí asiento, y hallará para sí reposo». Otras versiones, en fin, traducen el término como ‘criatura nocturna’ o ‘lechuza’.
La leyenda de Lilit
El origen de la leyenda hebrea de Lilit como primera mujer de Adán proviene de una interpretación de Génesis 1, 27. Antes de explicar que el Dios Yahvé dio a Adán una esposa llamada Eva a partir de su costilla, el texto dice: «Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo Creó; hombre y mujer los creó». Si bien esto puede ser debido a que el Génesis explica dos veces la creación del hombre (la segunda en Génesis 2:4-25). En cualquier caso, la presencia de Lilit en la mitología hebrea se demuestra por la tradición judía de poner un amuleto alrededor del cuello de los niños recién nacidos, con el nombre de tres ángeles que los protegen de las lilim, hijas mitológicas de Lilit y Adán y súcubos asesinos de niños.
Según el Génesis 1, 26-28, Dios creó al hombre y a la mujer a su propia imagen el sexto día, dándoles el dominio del mundo. Pero el Génesis Rabba, midrás sobre el libro del Génesis, recopilado en el siglo V en Palestina (según la edición crítica de J. Theodor y H. Albeck), señala que Eva no existía todavía. Entonces el dios Yahvéh había dispuesto que Adán diese nombre a todas las bestias, aves y otros seres vivientes. Cuando desfilaron ante él en parejas, macho y hembra, Adán —que ya era un hombre de veinte años— sintió celos de su amor, y aunque copuló con cada hembra por turnos, no encontró satisfacción en el acto. Por ello exclamó: «¡Todas las criaturas tienen la pareja apropiada, menos yo!», y rogó al dios que remediara esa injusticia.
Según el Yalqut Reubeni (colección de comentarios cabalísticos acerca del Pentateuco, recopilada por R. Reuben ben Hoshke Cohen (muerto en 1673) en Praga:
Yahvéh formó entonces a Lilit, la primera mujer, del mismo modo que había formado a Adán, aunque en lugar de polvo puro utilizó excremento y sedimentos. De la unión de Adán con este demonio-hembra, y con otra parecida llamado Naamá, hermana de Túbal Caín, nacieron Asmodeo e innumerables demonios que todavía atormentan a la humanidad. Muchas generaciones después, Lilit y Naamá se presentaron ante el tribunal de Salomón disfrazadas como rameras de Jerusalén. Adán y Lilit nunca hallaron armonía juntos, pues cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilit se sentía ofendida por la postura acostada que él le exigía. «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual»- Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilit, encolerizada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó. Saliendo del Edén fue a dar a las orillas del Mar Rojo (hogar de muchos demonios). Allí se entregó a la lujuria con éstos, dando a luz a los lilim, que eran seres cubiertos de pelos. Cuando tres ángeles de Dios fueron a buscarla, ella se negó aduciendo que era una pecadora. Por lo cual le fueron muertos cien hijos al día. Desde entonces las tradiciones judías medievales dicen que ella mata a todo niño menor de ocho días (incircunciso aún). También se dice que Lilit, una vez fue encontrada por el desterrado Arcángel Samael posteriormente denominado Satanás, bajo a los infiernos y allí fueron pareja.
El novelista judío Primo Levi pone en boca de uno de sus personajes esta visión de Lilit:
A ella le gusta mucho el semen del hombre, y anda siempre al acecho de a ver dónde ha podido caer (generalmente en las sábanas). Todo el semen que no acaba en el único lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo: todo el semen que ha desperdiciado el hombre a lo largo de su vida, ya sea en sueños, o por vicio o adulterio . Te harás una idea de lo mucho que recibe: por eso está siempre preñada y no hace más que parir. (Primo Levi, Lilít y otros relatos, Barcelona. Edicions 62, 1989, p. 24).
Otras leyendas
Otras leyendas apuntan a que Yahvé creó a Adán y Lilit como un andrógino unidos por la espalda. Más tarde los separó y ocurrieron los hechos explicados anteriormente.
También hay otra que explica que entre Lilit y Eva hubo otra mujer, creada ante los ojos de Adán de dentro hacia fuera: huesos, vasos sanguíneos, músculos, piel. Cuando la mujer se completó, Adán no podía mirarla como a una mujer, sino como una masa de sangre y vísceras. Se dice que Dios la destruyó y luego creó a Eva.
Se le ha encontrado cierta semejanza a Lilith con las Xanas (Janas: Dianas) astures y las lamias del folklore vasco, aquellos seres similares a las hadas, a las ninfas y a criaturas de la Naturaleza semejantes, servidoras y a veces representantes de la propia Diosa Mari (la Gran Madre y también la Madre Tierra), que castigan y premian a los humanos (uno de sus regalos favoritos es la posibilidad de transmutar el carbón o paja de sus favorecidos en oro); que habitan en montañas, cavernas, cuevas y oquedades diversas, así como en manantiales y fuentes; y que a menudo aparecen hilando o alisando su largo cabello con unos peines de oro que semejan la media luna, o recorren los cielos, aureolada su cabeza con el blanco resplandor de la luna llena, o bien cruzan el firmamento portando una hoz de oro mientras arrastran consigo las tempestades y se envuelven en unas lenguas de fuego que desdibujan y afilan sus miembros inferiores.
Además, se ha equiparado a Lilith con seres semejantes a las ondinas o a las nereidas, imaginándosela entonces con la parte inferior de su cuerpo correspondiendo a un animal acuático, tanto un pez como una serpiente marina.
Se la ha asociado, aun, con serpentinas figuras infernales de torso humano similares a la Equidna griega o a otras habitantes del mundo inferior (la mansión de los muertos, el inframundo y también el inconsciente) como Hécate, por ejemplo, provocadoras de pesadillas, portadoras de terrores nocturnos, generadoras de espanto y relacionadas con los vínculos que se ansían pero que aprisionan, con la fuente del deseo, con la fuerza de las pulsiones, con la intensidad de los motivos humanos íntimos que instan a su satisfacción y que pueden llegar a ser destructivos. (Resaltemos aquí el hecho de que, entre su mucha descendencia monstruosa, como el Can Cerbero, guardián del Hades, Equidna fue la madre del buitre que ha de devorar por toda la eternidad las entrañas de Prometeo encadenado al Cáucaso).
Hay que señalar que Lilith en algunos aspectos está vinculada con todas las Diosas Madres que conllevan un matiz de oscuridad, que reinan sobre los elementos (riquezas includas) del mundo subterráneo y que se relacionan con el aspecto vida y muerte de las cosas. Son cuna y sepulcro, principio y fin.
Por último, no olvidemos que Lilith es representada popularmente como una seductora mujer, sin más vestido que su propia piel, provista de abundante pelo rizado (rojo por más señas) que se extiende como un manto a su alrededor; y que tiene por costumbre sentarse sobre la concavidad de la media luna. Se trata de la luna oscura, que aparece visible al tercer día de la luna nueva en el horizonte oeste, mostrando una breve franja de luz arqueada, permitiéndonos contemplar las sombras que envuelven al resto de la esfera.
Influencia cultural
Lilith es usada en la serie japonesa Neon Genesis Evangelion donde ella es el comienzo de la vida tras llevarse a cabo la voluntad de Dios. Los humanos por naturaleza se rehusan a seguir su destino de muerte asi que capturan a Lilith.
La figura y leyenda de Lilit y sobre todo su rebelión hacia Adán ha llevado a algunas feministas (feminismo radical, feminismo anarquista, etc.) a ubicarla como un símbolo de la liberación sexual y de la lucha contra el patriarcado, así como de la mujer orgullosa y altiva.
En un aspecto que se aproxima a lo mitológico, es por algunos considera la primera vampiresa y por eso admirada por la subcultura goth y el vampirismo, exaltando características similares a aquellas que valoran las feministas.
El escritor C.S. Lewis en sus novelas Las Crónicas de Narnia menciona que la malvada reina Jadis del reino de Charn desciende de Adán y Lilit. Como se puede ver en el libro segundo El león, la bruja y el ropero, en su capitulo 8:
— "A ella le gustaría que lo creyeramos —respondió él—, y en eso basa su pretensión de ser reina. Pero no es hija de Eva. Desciende de la primera esposa de vuestro padre Adán —aquí el señor castor realizó una inclinación de cabeza—, aquella a la que llamaban Lilith, y que pertenecía a la raza de los genios. De ahí es de donde proviene ella por una parte, y por la otra, de los gigantes. No, no, no existe ni una gota de sangre humana en la bruja.
— Por eso es mala de los pies a la cabeza, señor castor —corroboró su esposa."
Podría ser una interpretación metafórica sobre la existencia del primer grupo de nuevos humanos Homo sapiens sapiens, que la leyenda nombra como Adán y Eva, pero que en realidad era un colectivo. Lilit sería un demonio nocturno mesopotámico con tendencia a asesinar niños.
Se considera que existe una conexión entre Lilit e Inanna, la diosa sumeria de la guerra y el placer sexual.
También podría estar relacionada con el mito griego de Lamia, una reina libia que mantuvo relaciones con Zeus; después de que Zeus la abandonara, Hera robó sus hijos, por lo que ella se vengó robando los hijos de otras mujeres.
Lilit en la mitología mesopotámica
Su nombre original en acadio es Lilitu, que proviene de la palabra lil, que significa ‘viento’, ‘aire’ o ‘espíritu’. En la mitología acadia pertenece a la misma clase de demonios que Lilu, Ardat Lili e Idlu Lili. Su traducción al hebreo como לילית posiblemente dio origen a una confusión de términos, pues ליל en hebreo significa ‘noche’ en vez de ‘aire’. Sólo se han encontrado breves referencias de ella en el libro de Isaías y en la tradición talmúdica, que son las que han llegado hasta nuestros tiempos.
Lilit en la mitología hebrea
Lilit en la Biblia
La única mención expresa en el Antiguo Testamento de dicha criatura aparece en Isaías 34:14: ופגשו ציים את־איים ושעיר על־רעהו יקרא אך־שם הרגיעה לילית ומצאה לה מנוח׃ Que es traducida en la versión de la Biblia de Jerusalén como: «Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilit y en él encontrará descanso». Compárese con otras traducciones, como la de de Nácar-Colunga, donde Lilit (לילית) se traduce por Lamia: «Y las bestias monteses se encontrarán con los gatos cervales, y el peludo gritará á su compañero: la lamia también tendrá allí asiento, y hallará para sí reposo». Otras versiones, en fin, traducen el término como ‘criatura nocturna’ o ‘lechuza’.
La leyenda de Lilit
El origen de la leyenda hebrea de Lilit como primera mujer de Adán proviene de una interpretación de Génesis 1, 27. Antes de explicar que el Dios Yahvé dio a Adán una esposa llamada Eva a partir de su costilla, el texto dice: «Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo Creó; hombre y mujer los creó». Si bien esto puede ser debido a que el Génesis explica dos veces la creación del hombre (la segunda en Génesis 2:4-25). En cualquier caso, la presencia de Lilit en la mitología hebrea se demuestra por la tradición judía de poner un amuleto alrededor del cuello de los niños recién nacidos, con el nombre de tres ángeles que los protegen de las lilim, hijas mitológicas de Lilit y Adán y súcubos asesinos de niños.
Según el Génesis 1, 26-28, Dios creó al hombre y a la mujer a su propia imagen el sexto día, dándoles el dominio del mundo. Pero el Génesis Rabba, midrás sobre el libro del Génesis, recopilado en el siglo V en Palestina (según la edición crítica de J. Theodor y H. Albeck), señala que Eva no existía todavía. Entonces el dios Yahvéh había dispuesto que Adán diese nombre a todas las bestias, aves y otros seres vivientes. Cuando desfilaron ante él en parejas, macho y hembra, Adán —que ya era un hombre de veinte años— sintió celos de su amor, y aunque copuló con cada hembra por turnos, no encontró satisfacción en el acto. Por ello exclamó: «¡Todas las criaturas tienen la pareja apropiada, menos yo!», y rogó al dios que remediara esa injusticia.
Según el Yalqut Reubeni (colección de comentarios cabalísticos acerca del Pentateuco, recopilada por R. Reuben ben Hoshke Cohen (muerto en 1673) en Praga:
Yahvéh formó entonces a Lilit, la primera mujer, del mismo modo que había formado a Adán, aunque en lugar de polvo puro utilizó excremento y sedimentos. De la unión de Adán con este demonio-hembra, y con otra parecida llamado Naamá, hermana de Túbal Caín, nacieron Asmodeo e innumerables demonios que todavía atormentan a la humanidad. Muchas generaciones después, Lilit y Naamá se presentaron ante el tribunal de Salomón disfrazadas como rameras de Jerusalén. Adán y Lilit nunca hallaron armonía juntos, pues cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilit se sentía ofendida por la postura acostada que él le exigía. «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual»- Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilit, encolerizada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó. Saliendo del Edén fue a dar a las orillas del Mar Rojo (hogar de muchos demonios). Allí se entregó a la lujuria con éstos, dando a luz a los lilim, que eran seres cubiertos de pelos. Cuando tres ángeles de Dios fueron a buscarla, ella se negó aduciendo que era una pecadora. Por lo cual le fueron muertos cien hijos al día. Desde entonces las tradiciones judías medievales dicen que ella mata a todo niño menor de ocho días (incircunciso aún). También se dice que Lilit, una vez fue encontrada por el desterrado Arcángel Samael posteriormente denominado Satanás, bajo a los infiernos y allí fueron pareja.
El novelista judío Primo Levi pone en boca de uno de sus personajes esta visión de Lilit:
A ella le gusta mucho el semen del hombre, y anda siempre al acecho de a ver dónde ha podido caer (generalmente en las sábanas). Todo el semen que no acaba en el único lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo: todo el semen que ha desperdiciado el hombre a lo largo de su vida, ya sea en sueños, o por vicio o adulterio . Te harás una idea de lo mucho que recibe: por eso está siempre preñada y no hace más que parir. (Primo Levi, Lilít y otros relatos, Barcelona. Edicions 62, 1989, p. 24).
Otras leyendas
Otras leyendas apuntan a que Yahvé creó a Adán y Lilit como un andrógino unidos por la espalda. Más tarde los separó y ocurrieron los hechos explicados anteriormente.
También hay otra que explica que entre Lilit y Eva hubo otra mujer, creada ante los ojos de Adán de dentro hacia fuera: huesos, vasos sanguíneos, músculos, piel. Cuando la mujer se completó, Adán no podía mirarla como a una mujer, sino como una masa de sangre y vísceras. Se dice que Dios la destruyó y luego creó a Eva.
Se le ha encontrado cierta semejanza a Lilith con las Xanas (Janas: Dianas) astures y las lamias del folklore vasco, aquellos seres similares a las hadas, a las ninfas y a criaturas de la Naturaleza semejantes, servidoras y a veces representantes de la propia Diosa Mari (la Gran Madre y también la Madre Tierra), que castigan y premian a los humanos (uno de sus regalos favoritos es la posibilidad de transmutar el carbón o paja de sus favorecidos en oro); que habitan en montañas, cavernas, cuevas y oquedades diversas, así como en manantiales y fuentes; y que a menudo aparecen hilando o alisando su largo cabello con unos peines de oro que semejan la media luna, o recorren los cielos, aureolada su cabeza con el blanco resplandor de la luna llena, o bien cruzan el firmamento portando una hoz de oro mientras arrastran consigo las tempestades y se envuelven en unas lenguas de fuego que desdibujan y afilan sus miembros inferiores.
Además, se ha equiparado a Lilith con seres semejantes a las ondinas o a las nereidas, imaginándosela entonces con la parte inferior de su cuerpo correspondiendo a un animal acuático, tanto un pez como una serpiente marina.
Se la ha asociado, aun, con serpentinas figuras infernales de torso humano similares a la Equidna griega o a otras habitantes del mundo inferior (la mansión de los muertos, el inframundo y también el inconsciente) como Hécate, por ejemplo, provocadoras de pesadillas, portadoras de terrores nocturnos, generadoras de espanto y relacionadas con los vínculos que se ansían pero que aprisionan, con la fuente del deseo, con la fuerza de las pulsiones, con la intensidad de los motivos humanos íntimos que instan a su satisfacción y que pueden llegar a ser destructivos. (Resaltemos aquí el hecho de que, entre su mucha descendencia monstruosa, como el Can Cerbero, guardián del Hades, Equidna fue la madre del buitre que ha de devorar por toda la eternidad las entrañas de Prometeo encadenado al Cáucaso).
Hay que señalar que Lilith en algunos aspectos está vinculada con todas las Diosas Madres que conllevan un matiz de oscuridad, que reinan sobre los elementos (riquezas includas) del mundo subterráneo y que se relacionan con el aspecto vida y muerte de las cosas. Son cuna y sepulcro, principio y fin.
Por último, no olvidemos que Lilith es representada popularmente como una seductora mujer, sin más vestido que su propia piel, provista de abundante pelo rizado (rojo por más señas) que se extiende como un manto a su alrededor; y que tiene por costumbre sentarse sobre la concavidad de la media luna. Se trata de la luna oscura, que aparece visible al tercer día de la luna nueva en el horizonte oeste, mostrando una breve franja de luz arqueada, permitiéndonos contemplar las sombras que envuelven al resto de la esfera.
Influencia cultural
Lilith es usada en la serie japonesa Neon Genesis Evangelion donde ella es el comienzo de la vida tras llevarse a cabo la voluntad de Dios. Los humanos por naturaleza se rehusan a seguir su destino de muerte asi que capturan a Lilith.
La figura y leyenda de Lilit y sobre todo su rebelión hacia Adán ha llevado a algunas feministas (feminismo radical, feminismo anarquista, etc.) a ubicarla como un símbolo de la liberación sexual y de la lucha contra el patriarcado, así como de la mujer orgullosa y altiva.
En un aspecto que se aproxima a lo mitológico, es por algunos considera la primera vampiresa y por eso admirada por la subcultura goth y el vampirismo, exaltando características similares a aquellas que valoran las feministas.
El escritor C.S. Lewis en sus novelas Las Crónicas de Narnia menciona que la malvada reina Jadis del reino de Charn desciende de Adán y Lilit. Como se puede ver en el libro segundo El león, la bruja y el ropero, en su capitulo 8:
— "A ella le gustaría que lo creyeramos —respondió él—, y en eso basa su pretensión de ser reina. Pero no es hija de Eva. Desciende de la primera esposa de vuestro padre Adán —aquí el señor castor realizó una inclinación de cabeza—, aquella a la que llamaban Lilith, y que pertenecía a la raza de los genios. De ahí es de donde proviene ella por una parte, y por la otra, de los gigantes. No, no, no existe ni una gota de sangre humana en la bruja.
— Por eso es mala de los pies a la cabeza, señor castor —corroboró su esposa."
12.9.07
Harry Potter
5. HARRY POTTER Y LA ORDEN DEL FENIX ENCUADERNADO
Autor ROWLING J.K.
Editorial SALAMANDRA
Comentario
Las tediosas vacaciones de verano en casa de sus tíos todavía no han acabado y Harry se encuentra más inquieto que nunca. Apenas ha tenido noticias de Ron y Hermione, y presiente que algo extraño está sucediendo en Hogwarts.
En efecto, cuando por fin comienza otro curso en el famoso colegio de magia y hechicería, sus temores se vuelven realidad. El Ministerio de Magia niega que Voldemort haya regresado y ha iniciado una campaña de desprestigio contra Harry y Dumbledore, para lo cual ha asignado a la horrible profesora Dolores Umbridge la tarea de vigilar todos sus movimientos.
Así pues, además de sentirse solo e incomprendido, Harry sospecha que Voldemort puede adivinar sus pensamientos, e intuye que el temible mago trata de apoderarse de un objeto secreto que le permitiría recuperar su poder destructivo.
Autor ROWLING J.K.
Editorial SALAMANDRA
Comentario
Las tediosas vacaciones de verano en casa de sus tíos todavía no han acabado y Harry se encuentra más inquieto que nunca. Apenas ha tenido noticias de Ron y Hermione, y presiente que algo extraño está sucediendo en Hogwarts.
En efecto, cuando por fin comienza otro curso en el famoso colegio de magia y hechicería, sus temores se vuelven realidad. El Ministerio de Magia niega que Voldemort haya regresado y ha iniciado una campaña de desprestigio contra Harry y Dumbledore, para lo cual ha asignado a la horrible profesora Dolores Umbridge la tarea de vigilar todos sus movimientos.
Así pues, además de sentirse solo e incomprendido, Harry sospecha que Voldemort puede adivinar sus pensamientos, e intuye que el temible mago trata de apoderarse de un objeto secreto que le permitiría recuperar su poder destructivo.
El Secreto
EL SECRETO DE CHRISTINE
Autor BLACK BENJAMIN
Editorial AGUILAR
Comentario
Dublín, años cincuenta. En un depósito de cadáveres, una turbia trama de secretos familiares y organizaciones clandestinas comienza a develarse tras el hallazgo de un cuerpo que nunca tendría que haber estado allí. Una oscura conspiración que abarca ambos lados del Adántico y que acaba envolviendo en un siniestro abrazo, inesperadamente, la vida de todos los protagonistas.
Demos la bienvenida a Benjamin Black. Nos encontraremos lo mejor de un extraordinario escritor, John Banville; también, entre la niebla, los vapores del whisky y el humo de los cigarrillos de un Dublín convertido en el escenario perfecto para la mejor literatura negra.
Por sus magníficas descripciones de personajes y ambientes, y su lenguaje preciso, elegante e inteligente, John Banville está considerado como el gran renovador de la literatura irlandesa y uno de los más importantes escritores en lengua inglesa de la actualidad.
Autor BLACK BENJAMIN
Editorial AGUILAR
Comentario
Dublín, años cincuenta. En un depósito de cadáveres, una turbia trama de secretos familiares y organizaciones clandestinas comienza a develarse tras el hallazgo de un cuerpo que nunca tendría que haber estado allí. Una oscura conspiración que abarca ambos lados del Adántico y que acaba envolviendo en un siniestro abrazo, inesperadamente, la vida de todos los protagonistas.
Demos la bienvenida a Benjamin Black. Nos encontraremos lo mejor de un extraordinario escritor, John Banville; también, entre la niebla, los vapores del whisky y el humo de los cigarrillos de un Dublín convertido en el escenario perfecto para la mejor literatura negra.
Por sus magníficas descripciones de personajes y ambientes, y su lenguaje preciso, elegante e inteligente, John Banville está considerado como el gran renovador de la literatura irlandesa y uno de los más importantes escritores en lengua inglesa de la actualidad.
Retrato
RETRATO EN SANGRE
Autor KATZENBACH JOHN
Editorial EDICIONES B
Colección LA TRAMA
Comentario
No era un viaje normal por carretera...
Miami, Nueva Orleans, Kansas City, Omaha, Chicago, Cleveland. Un hombre, una mujer, un coche y una cámara fotográfica. Él secuestra, mata y después fotografía a sus víctimas. Ella escribe sobre lo ocurrido y se asegura de que ha plasmado correctamente la historia, porque sabe que él lo revisa todo.
La detective Mercedes Barren tiene motivos para perseguirlo: su sobrina fue una víctima. Y también el psiquiatra Martin Jeffers, especialista en delincuentes sexuales.
Una odisea. Una expedición. Una pesadilla que se adentra en el día siguiente... con Retrato en sangre.
Autor KATZENBACH JOHN
Editorial EDICIONES B
Colección LA TRAMA
Comentario
No era un viaje normal por carretera...
Miami, Nueva Orleans, Kansas City, Omaha, Chicago, Cleveland. Un hombre, una mujer, un coche y una cámara fotográfica. Él secuestra, mata y después fotografía a sus víctimas. Ella escribe sobre lo ocurrido y se asegura de que ha plasmado correctamente la historia, porque sabe que él lo revisa todo.
La detective Mercedes Barren tiene motivos para perseguirlo: su sobrina fue una víctima. Y también el psiquiatra Martin Jeffers, especialista en delincuentes sexuales.
Una odisea. Una expedición. Una pesadilla que se adentra en el día siguiente... con Retrato en sangre.
El perfume
EL PERFUME
HISTORIA DE UN ASESINO
Autor SUSKIND PATRICK
Editorial SEIX BARRAL
Comentario
Quizá los olores evoquen el privilegio de la invisibilidad.
Antes del tacto, sucede el olor, como mensajero de una esencia que sabe desaparecer en el aire y ser agente de un gran poder. La seducción que despliega el olor es implacable: se instala en nosotros y sella su poderío en los tejidos de la memoria.
Jean-Baptiste Grenouille tiene su marca de nacimiento: no despide ningún olor. Al mismo tiempo posee un don excepcional: un olfato prodigioso que le permite percibir todos los olores del mundo. Desde la miseria en que nace, Grenouille lucha contra su condición y escala posiciones sociales convirtiéndose en un afamado perfumista. Crea perfumes capaces de hacerle inspirar simpatía, amor, compasión... Para obtener estas fórmulas magistrales debe asesinar a jóvenes muchachas vírgenes, obtener sus fluidos corporales y licuar sus olores íntimos. Su arte se convierte en una suprema e inquietante prestidigitación.
Patrick Süskind nos transmite una visión ácida y desengañada del hombre y nos propone una inmersión literaria en el arco iris de los olores y en los abismos del espíritu humano.
Convertida en una de las mayores producciones cinematográficas europeas de la historia, El perfume es un libro repleto de sabiduría olfativa, imaginación y amenidad.
HISTORIA DE UN ASESINO
Autor SUSKIND PATRICK
Editorial SEIX BARRAL
Comentario
Quizá los olores evoquen el privilegio de la invisibilidad.
Antes del tacto, sucede el olor, como mensajero de una esencia que sabe desaparecer en el aire y ser agente de un gran poder. La seducción que despliega el olor es implacable: se instala en nosotros y sella su poderío en los tejidos de la memoria.
Jean-Baptiste Grenouille tiene su marca de nacimiento: no despide ningún olor. Al mismo tiempo posee un don excepcional: un olfato prodigioso que le permite percibir todos los olores del mundo. Desde la miseria en que nace, Grenouille lucha contra su condición y escala posiciones sociales convirtiéndose en un afamado perfumista. Crea perfumes capaces de hacerle inspirar simpatía, amor, compasión... Para obtener estas fórmulas magistrales debe asesinar a jóvenes muchachas vírgenes, obtener sus fluidos corporales y licuar sus olores íntimos. Su arte se convierte en una suprema e inquietante prestidigitación.
Patrick Süskind nos transmite una visión ácida y desengañada del hombre y nos propone una inmersión literaria en el arco iris de los olores y en los abismos del espíritu humano.
Convertida en una de las mayores producciones cinematográficas europeas de la historia, El perfume es un libro repleto de sabiduría olfativa, imaginación y amenidad.
EL ANGEL
EL ANGEL NEGRO
Autor CONNOLLY JOHN
Editorial TUSQUETS
Colección ANDANZAS
Comentario
En este nuevo y estremecedor caso, el detective Charlie Parker, "Bird", se enfrenta a un inquietante rompecabezas cuyas piezas parecen difíciles de encajar:
una prostituta que desaparece en un sórdido barrio neoyorquino; una colección de misteriosas cajas de plata de origen medieval, dispersas por el mundo, que guardan en su interior un fragmento de un extraño mapa; una subasta de objetos arcanos que suscita una gran expectación en Boston; la profanación de varias iglesias en Francia y la República Checa...
"Bird" debe resolver, además, un conflicto de lealtades.
Por un lado, su amigo Louis, antiguo asesino a sueldo, necesita ayuda en la búsqueda de su prima, la prostituta desaparecida en Nueva York; por otro, su mujer, Rachel, ya no resiste la tensión del peligro ni la continua amenaza que implica la convivencia con él. Y esta vez el peligro es mayor que nunca, porque Charlie tiene que vérselas con seres dudosamente humanos, seres surgidos de un pasado remoto, la encarnación misma del mal: el ángel negro.
Autor CONNOLLY JOHN
Editorial TUSQUETS
Colección ANDANZAS
Comentario
En este nuevo y estremecedor caso, el detective Charlie Parker, "Bird", se enfrenta a un inquietante rompecabezas cuyas piezas parecen difíciles de encajar:
una prostituta que desaparece en un sórdido barrio neoyorquino; una colección de misteriosas cajas de plata de origen medieval, dispersas por el mundo, que guardan en su interior un fragmento de un extraño mapa; una subasta de objetos arcanos que suscita una gran expectación en Boston; la profanación de varias iglesias en Francia y la República Checa...
"Bird" debe resolver, además, un conflicto de lealtades.
Por un lado, su amigo Louis, antiguo asesino a sueldo, necesita ayuda en la búsqueda de su prima, la prostituta desaparecida en Nueva York; por otro, su mujer, Rachel, ya no resiste la tensión del peligro ni la continua amenaza que implica la convivencia con él. Y esta vez el peligro es mayor que nunca, porque Charlie tiene que vérselas con seres dudosamente humanos, seres surgidos de un pasado remoto, la encarnación misma del mal: el ángel negro.
EL ENIGMA
EL ENIGMA DE PARIS
Autor DE SANTIS PABLO
Editorial PLANETA
Colección AUTORES ESPAÑOLES E IBEROAMERICANOS
Comentario
París, 1889. Los Doce Detectives, los investigadores más famosos del mundo, se reúnen con motivo de la Exposición Universal. El selecto club tiene la misión de revelar al público sus casos más célebres, la filosofía de cada investigación y su concepción del crimen.
La extraña muerte de uno de los Doce, despeñado misteriosamente desde una torre Eiffel en construcción, dará un giro a la reunión y los obligará a afinar sus habilidades para tratar de resolver lo que parece, a priori, la actuación de un asesino en serie.
El lector quedará fascinado por la belleza del enigma en esta novela cargada de magnetismo.
Autor DE SANTIS PABLO
Editorial PLANETA
Colección AUTORES ESPAÑOLES E IBEROAMERICANOS
Comentario
París, 1889. Los Doce Detectives, los investigadores más famosos del mundo, se reúnen con motivo de la Exposición Universal. El selecto club tiene la misión de revelar al público sus casos más célebres, la filosofía de cada investigación y su concepción del crimen.
La extraña muerte de uno de los Doce, despeñado misteriosamente desde una torre Eiffel en construcción, dará un giro a la reunión y los obligará a afinar sus habilidades para tratar de resolver lo que parece, a priori, la actuación de un asesino en serie.
El lector quedará fascinado por la belleza del enigma en esta novela cargada de magnetismo.
LOS 7 HABITOS
LOS 7 HABITOS DE LA GENTE ALTAMENTE EFECTIVA
Autor COVEY STEPHEN R.
Editorial PAIDOS
Colección PLURAL
Comentario
Casi todo el mundo intuye que su comportamiento, tanto en el trabajo como en la vida privada podría mejorar en muchos aspectos, pero pocos saben cómo conseguirlo.
Stephen Covey, el llamado Sócrates americano, no da consejos paternalistas ni se dedica a sermonear sin ton ni son. Su método es claro, certero y eficiente:
casi un cursillo dividido en siete etapas que el lector deberá asimilar y poner en práctica por su propia cuenta, adaptándolas a su personalidad y aplicándolas libremente en todos los ámbitos de su vida cotidiana.
Para ello, el autor se sirve de anécdotas penetrantes y significativas destinadas a hacernos reflexionar sobre cada uno de nuestros actos y sobre el modo de acceder al cambio, a la verdadera paz mental. El resultado es la construcción de una autoconfianza a prueba de bomba a través del desarrollo del propio carácter, de la integridad, la honestidad y la dignidad humana necesarias para transformar nuestro universo laboral e íntimo en algo auténtico, único e intransferible.
Autor COVEY STEPHEN R.
Editorial PAIDOS
Colección PLURAL
Comentario
Casi todo el mundo intuye que su comportamiento, tanto en el trabajo como en la vida privada podría mejorar en muchos aspectos, pero pocos saben cómo conseguirlo.
Stephen Covey, el llamado Sócrates americano, no da consejos paternalistas ni se dedica a sermonear sin ton ni son. Su método es claro, certero y eficiente:
casi un cursillo dividido en siete etapas que el lector deberá asimilar y poner en práctica por su propia cuenta, adaptándolas a su personalidad y aplicándolas libremente en todos los ámbitos de su vida cotidiana.
Para ello, el autor se sirve de anécdotas penetrantes y significativas destinadas a hacernos reflexionar sobre cada uno de nuestros actos y sobre el modo de acceder al cambio, a la verdadera paz mental. El resultado es la construcción de una autoconfianza a prueba de bomba a través del desarrollo del propio carácter, de la integridad, la honestidad y la dignidad humana necesarias para transformar nuestro universo laboral e íntimo en algo auténtico, único e intransferible.
LOS HOMBRES SON
LOS HOMBRES SON DE MARTE LAS MUJERES SON DE VENUS
Autor GRAY JOHN
Editorial OCEANO
Comentario
Éste no es otro libro más de autosuperación y relaciones humanas. John Gray, como pocos, ha dado en el clavo; al fin, una guía inteligente y soluciones originales en un trabajo sencillo, ingenioso y verdaderamente útil que es una genuina contribución a la comprensión cabal de los modos diversos de comunicación entre hombres y mujeres y sus encontradas necesidades emocionales.
Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus es uno de esos cada vez más raros libros que tanto aprecia un lector agradecido: un libro de los que dejan huella indeleble porque quien los lee acaba siendo y se siente diferente; digamos: nada se percibe de la misma manera después de la lectura.
Autor GRAY JOHN
Editorial OCEANO
Comentario
Éste no es otro libro más de autosuperación y relaciones humanas. John Gray, como pocos, ha dado en el clavo; al fin, una guía inteligente y soluciones originales en un trabajo sencillo, ingenioso y verdaderamente útil que es una genuina contribución a la comprensión cabal de los modos diversos de comunicación entre hombres y mujeres y sus encontradas necesidades emocionales.
Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus es uno de esos cada vez más raros libros que tanto aprecia un lector agradecido: un libro de los que dejan huella indeleble porque quien los lee acaba siendo y se siente diferente; digamos: nada se percibe de la misma manera después de la lectura.
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