6.9.07

Tuxtla

Leyendas de Tuxtla Gutiérrez

Hace varias décadas, antes de que se extendiera el uso de la radio y la televisión, los tuxtlecos acostumbraban reunirse en las noches para escuchar relatos y leyendas transmitidos por generaciones de manera verbal, generalmente tergiversados.


El Sombrerón
En Chiapas, el sombrerón es un personaje mítico. Varias localidades chiapanecas tienen sus propios relatos del sombrerón y todos coinciden en que es un hombre misterioso que se le aparece repentinamente a la gente y porta un enorme sombrero. Una versión guatemalteca relata que es un duende montado a caballo vestido de charro y usando un enorme sombrero. Según viejos relatos de Tuxtla Gutiérrez, solía aparecerse en una arboleda, ya desaparecida, llamada "El Aguacate", ubicada detrás del actual Hospital Regional "Dr. Rafael Pascasio Gamboa". De todos los relatos tuxtlecos, el más conocido es el siguiente:

Una joven y bella mujer apodada Moni iba a su huerta, por un camino solitario lejos de su hogar, para recolectar nanches y malucos. Repentinamente, se le apareció un misterioso hombre galante, con indumentaria negra de charro, sus chaparreras con botonaduras de plata, calzaba lustrosos botines y espuelas de plata. El hombre piropeó a Moni hablándole por su nombre, ella se asustó porque no le conocía con anticipación. Él la quiso raptar a su hogar, la cueva de Cerro Hueco, donde guardaba un tesoro que él le ofreció a cambio de irse allá. Al escuchar sobre la cueva y el tesoro, ella supo que era el sombrerón por relatos anteriormente escuchados. Moni se santiguó, rezó, y ese hombre desapareció. Ella regresó a su hogar, sin embargo, planeó retornar a su huerta tentada por los ofrecimientos.

Una semana después así lo hizo y de nuevo se le apareció este hombre, pero vestido con una elegante indumentaria zoque de gamuza con adornos negros, chaparreras con botonaduras de plata, puesto un grueso collar de centenarios y luciendo varios dientes de oro. Se acercó rápidamente a Moni y le cogió la mano, repentinamente aparecieron varias alhajas de oro que ella lucía. Moni sorprendida pregunto sobre sus otros ofrecimientos y el hombre hizo aparecer de la nada sobre el suelo: Dinero, más alhajas y ropa fina; además le prometió la eterna juventud, al bañarse en el arroyo de su cueva, esto último la persuadió de aceptar los ofrecimientos.

El sombrerón se teletransportó inmediatamente junto con ella al arroyo dentro de su cueva. Moni se entregó a él, pero de repente lo olió a azufre y trató de huir sin soltar lo recibido, porque comprendió que era una manifestación del diablo. Ella rezó y el sombrerón desapareció otra vez.

Moni regresó a su casa con el tesoro. Después, relató a sus vecinos su anécdota sin hablarles sobre el tesoro y fingiendo ignorancia sobre el sombrerón. Con el paso del tiempo, los vecinos se percataron que Moni vestía con más elegancia y era muy espléndida, especialmente en las fiestas que organizaba. Debido a eso, la gente rumoró que le vendió su alma al diablo, la cual penaría al morir sino repartía sus riquezas con los pobres. Atemorizada por el rumor, Moni se confesó con un cura, quien le impuso las penitencias de rezar 100 rosarios diarios, repartir toda sus riquezas a los pobres y abaratar la carne de puerco que vendía en el mercado.

Moni cumplió parcialmente las tres penitencias y su alma penó después de muerta, oyéndose sus lamentos junto a la iglesia de su barrio. Antes de morir le vendió su casa a un familiar suyo, quien allí encontró el resto del tesoro enterrado...

...esta leyenda originó dos expresiones tuxtlecas obsoletas, que sirvieron para referirse a las personas que no son o no demuestran ser adineradas, pero que repentinamente dan muestras de poseer una pequeña fortuna:

Seguro tiene tratos con el diablo.
Como no va tener dinero si en la casa que compró encontró buen entierro, hallando mucha plata y oro en monedas y alhajas.
(Si la persona además tiene una casa nueva).

La carretilla de San Pascualito
En el pasado, los zoques tuxtlecos creyeron que cuando una persona agonizaba se escuchaban con frecuencia los ruidos de una carretilla rondando cerca de su casa, hasta que sucediera el fallecimiento. Aquellos zoques creyeron que era San Pascualito (como ellos llaman a San Pascual) esperando a recoger el alma del agonizante. El siguiente relato tuxtleco es uno de los más conocidos sobre este santo:

Un anciano campesino zoque, llamado Vicente, descansó sobre un tronco de Sospó, cansado de cosechar su milpa. Repentinamente se le apareció una serpiente de coral que no le mordió, pero le provocó un susto tan grande que padeció de escalofríos y calenturas por dos años. Pasando ese tiempo, tres curanderos le hicieron rituales curativos y otra curandera le hizo un masaje y le aplicó un enema, pero ninguno de los remedios lo sanó y después de otro año enflaqueció demasiado. Le aplicaron más remedios que tampoco funcionaron. Pero cuando le hicieron una sangría, su condición empeoró y los remedios posteriores lo hicieron aun más.

Un día durante su rezo, escuchó el rechinido de una carretilla moviéndose y él supuso que era aquella de San Pascualito, quien se encargaba de recoger las almas de las personas prontas a morir. También sus familiares escucharon el rechinido, inclusive una rezadora, comadre de Vicente, que inmediatamente fue a verlo, porque había escuchado el mismo rechinido la noche anterior, pero con menor intensidad (para que los familiares aceptaran la futura muerte).

Cuando la rezadora llega a la casa de Vicente, se reúne con una de sus hijas, le advierte su pronta muerte y en breves momentos Vicente murió, inmediatamente todos escuchan el rechinido de una carretilla moviéndose, suponiendo que San Pascualito partía llevándose su alma.


La cueva de la Chepa
Un muchacho rico llamado Francisco y sobrenombrado Paco, asistió al rito de Sentada de niño Dios en el barrio Colón, hogar de gente de clase trabajadora, donde conoció a una bella muchacha llamada Josefa, apodada Chepa por sus vecinos.

Algunos días después de conocerla, Paco empezó a frecuentar aquel barrio en las tardes con la excusa a sus padres de estar en la escuela. Paco se percató que Chepa frecuentaba la ribera del Río Sabinal (que en aquella época era cristalino) para recolectar agua de consumo doméstico, allí la interceptó, para conversar y cortésmente llevarle el cántaro hasta la cerca de su casa, allí se lo entregó a Chepa y se retiró para evitar encuentros con los padres de ella. Estas reuniones furtivas se repitieron varias veces, hasta lograr un romance secreto con Chepa.

Ella se enamoró tanto que le propuso vivir juntos, pero él no quería, porque ella era de una clase social inferior y temía al rechazo social. Ella le propuso vivir en una cueva. Paco ya decidido, le propuso reunirse fuera de la casa de ella al atardecer del día siguiente; así lo hicieron y partieron rumbo a la cueva. Ya estando allí ambos fornicaron tanto como quisieron.

Cuando los progenitores de ambos muchachos se percataron de su desaparición los buscaron. Algunos caminantes que andaban por la ribera les informaron sobre las reuniones furtivas que habían visto, y otros sobre su cauteloso escape; en la búsqueda se conocieron las familias de ambos muchachos. La búsqueda los llevó hasta el rumbo de la cueva donde estaban los muchachos, ellos a lo lejos y escondidos, observaron a Paco salir de la cueva, no le siguieron y cuando llegó a su casa se fingieron ignorantes de lo sucedido.

Paco no regresó a la cueva, pero Chepa permaneció allí esperándolo durante varios días y para sobrevivir salía a recolectar algunos frutos silvestres. Los padres de Chepa frecuentaron la cueva, pero nunca la hallaron. Tiempo después, Chepa murió de desnutrición, triste por la ausencia del ingrato Paco y sin que nadie lo supiera. Unos años después, unos tuxtlecos encontraron el cadáver de Chepa dentro de la cueva cubierto de guano y rodeado de fétidos olores. El descubrimiento originó un escándalo en Tuxtla y a ese lugar le llamaron La cueva de la Chepa.


El Brazo Fuerte
El brazo fuerte es un animal real. Es una especie de oso hormiguero que al ser atrapado por su capturador se le aferra con tanta fuerza, que ni siendo muy forzudo se podrá liberar de este animal. Sin embargo, existe una leyenda zoque que asegura que quien logré liberarse, verá al brazo fuerte escupir una piedrecilla de su boca y, si esta persona se la traga inmediatamente se convertirá en la más fuerte de Tuxtla.

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